El mundo arde. Y no lo digo en el sentido figurado que bien podría caberle a la difícil situación política y social que enfrentan varios países. Es literal. El planeta está ardiendo y con las llamas, aumenta en millones de toneladas el dióxido de carbono que alimenta el calentamiento global.
El verano actual en Europa ha significado una verdadera pesadilla. Hace poco menos de un mes Portugal declaraba la alerta por incendios forestales.
Desde finales de la semana pasada, extensas áreas de bosque han sido consumidas en España por incendios en tres localidades diferentes: Huelva, Cáceres y Murcia.
Desde Alaska, hasta Florida, en Estados Unidos, pasando por Idaho, Montana, Texas, Dakota del Sur, Washington y, por supuesto, California, la ola de calor que ha llevado a temperaturas récord, ha venido ocasionando grandes incendios que se hacen casi imparables.
El tema es grave porque las altas temperaturas se han registrado también en zonas que tradicionalmente están cubiertas de hielo.
Y aun con esta evidencia, existen negacionistas que, igual que con el covid-19, consideran que el cambio climático y el calentamiento global son apenas ideas dentro de un discurso utilizado por alguna ideología política. O por oscuros intereses multinacionales.
La verdad es que seguimos inmóviles como espectadores en un teatro, donde asistimos al fin de nuestro planeta y de nuestra existencia. Solo si decidimos ponernos de pie y comenzar a hacer algo, tal vez, logremos evitar lo inevitable.
*PHD en Relaciones Internacionales
gabrieljaimerico@gmail.com
Fuente: Diarioadn.co
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