Los silleteros son orgullo de nuestra raza y del país entero. Con sus silletas a la espalda, llenas de flores, nos hacen sentir esperanza y orgullo de esta tierra. Para conocer más sobre su historia y su tradición, se están implementando en Santa Elena las fincas silleteras, en donde usted vivirá una experiencia única al conocer de primera mano y de sus protagonistas, la magia que encierra esta bella costumbre antioqueña.

Desde muy pequeño le picó la vena silletera en la sangre. De su madre María Eloísa heredó el gusto por este oficio cuando se ofrecía a acompañarla a los desfiles de silleteros. Hoy Carlos Alberto Zapata Amariles, de familia tradicional cultivadora de flores del corregimiento Santa Elena, con 52 años a cuestas, recuerda que desde que tenía 14, comenzó a ser parte de esta tradición antioqueña.  De su progenitora heredó el contrato que le permite desfilar con su silleta monumental cada año. Ha ocupado un tercero y un quinto puesto y ha sido finalista en varias ocasiones.

De silletero a cultivador de la tradición

Hoy ve su tradición como una forma de proyectar esa cultura a los demás y por eso desde hace unos tres años trabaja con la idea de convertir su parcela en una finca silletera -sin dejar de ser silletero- para transmitir a la gente esa emoción y ese legado y para también, con este proyecto, llevar el sustento a su hogar y mejorar su calidad de vida.

Una finca silletera para el turismo de este tipo debe tener mucho jardín, muchas matas en la misma casa, una forma de darles un recorrido a los visitantes para que conozcan nuestra tradición, una silleta para mostrar, para que la carguen y para que la armen y tener muy clara toda la historia del desfile de silleteros. Tiene que ser una casa muy bien organizada y bien dotada”, asegura Carlos.

Y agrega: “para uno tener una finca silletera debe llevarlo en la sangre, saber que le gustan las flores, dedicarle tiempo y que le guste a uno estar con la gente y llevarles esa tradición que nuestros abuelos nos dejaron. Esto me hace acordar de mis padres, que nos dejaron esto para que nosotros hiciéramos que la gente conozca nuestras costumbres, para que vean todo lo que hacemos por tener las maticas bien bonitas y que ellos miren toda esta belleza; es algo que lleva mucho trabajo, porque hay que sembrar las maticas para que estén listas y madrugar mucho a diario para regarlas y que se vean bien bonitas. Yo tengo mucho orgullo con este proyecto, para enseñarle a las personas todo lo que aprendí de mis antepasados”.

La familia unida en torno al proyecto

Sus hijos y su esposa lo acompañan en este proyecto y al hablar de él, Carlos no puede evitar hacer remembranza de sus épocas del desfile.  Nos cuenta que la armazón de la silleta se empieza a fabricar con un mes de anticipación, que las flores las siembran seis meses antes con una idea ya en la cabeza de lo que se pretende mostrar y un día antes del desfile, comienza la paciente labor de pegarlas en la silleta, una por una. “Una monumental puede tener unas dos mil flores y unas 50 variedades como orquídeas, cartuchos, margaritas, pompones, claveles, clavellinas…”

Yo hice un kiosko grande aparte de mi casa para que la gente esté más tranquila y pueda conocer todo lo relacionado con nuestra cultura silletera. Hice un seminario que nos dieron a algunos de nosotros con Interactuar y el diploma nos lo dieron en Panaca, donde nos certificaron en agroturismo”.

Dependiendo del éxito que tenga brindará trabajo a otras personas, eso sí “el empleado debe saber cómo se atiende a la gente, tener todas las medidas de bioprotección, ver que las personas estén cómodas y tranquilas y conocer de la tradición silletera, pero lo más importante es la actitud con nuestros visitantes”, asegura.

Todo es gracias a las flores

La finca silletera de Carlos está ubicada en la vereda Barro Blanco, sector El Rosario, en el corregimiento Santa Elena y para él, las flores tienen un especial significado “porque por ellas nos hemos sostenido, lo que tenemos es gracias a las flores y es una tradición porque toda la vida las hemos cosechado como nos enseñaron desde pequeños”.

Espera poder convertir su finca -a la que le puso por nombre La reserva el silletero, por estar ubicada junto a un lugar que es reserva natural- en un sitio donde lleguen familias enteras y turistas de todas partes a empaparse de tradición y orgullo de la raza. “Me toca empezar suavecito…y así la gente la va conociendo” nos dice, como contando un secreto que quiere que se replique a voces.

Tiene muchos planes en la cabeza y entre otras cosas, vive también pendiente del puestecito de flores que le dejó su mamá en el cementerio San Pedro, el cual se lo administra una sobrina.

Estar entre flores es su vida. “Ser silletero es un orgullo. Recuerdo que acompañaba a mi mamá al desfile y la gente nos decía ‘Cuándo pasa un silletero es Antioquia la que pasa’ y esa emoción es indescriptible, es emocionante”.

El apoyo de la Alcaldía de Medellín al proyecto

El programa de las fincas silleteras surge en el 2011, época en que los silleteros empiezan a estructurar sus parcelas, a organizar el discurso y a prepararse para recibir a los turistas.

Desde la Alcaldía de Medellín, hace unos cinco años se viene acompañando el proceso con el Dagrd, y con las secretarías de Salud y de Gobierno, con el objetivo de hacer de esta una experiencia segura para los turistas, considerando que en algunos casos son sus propias casas de habitación las que serán conocidas por parte de los visitantes y tratando además de no intervenir mucho el paisaje.

Se orienta y se hace un seguimiento a los silleteros en aspectos como el tipo de señalización que pueden usar, atención en primeros auxilios y la manipulación segura de alimentos, entre otros ítems, con el fin de que puedan garantizar un buen servicio a quienes los visiten.

Con la Subsecretaría de Turismo se ha hecho un proceso de señalización que incluyó recorridos presenciales en varias fincas y la promoción de las mismas se ha hecho desde el Bureau de Medellín; todo como parte de una de las actividades que pueden realizarse durante la Feria de las Flores.

Así mismo, con la Corporación de Silleteros de Santa Elena -Cosse- y el acompañamiento de un historiador del territorio, se reconstruyó la historia de la tradición silletera, se hilaron los hitos de cada familia y, a través de nuevas narrativas, cada silletero anfitrión hace su relato y pone en contexto a los visitantes sobre una labor, que más allá del furor de la tradicional Feria de las Flores, es un estilo de vida, un legado que llevan con orgullo a sus espaldas, un oficio de todos los días.

Son fincas silleteras en Santa Elena para conocer más de esta cultura; una nueva forma de conservar la tradición, con olor a flores, con el sabor del campo y con el amor que estos hombres y mujeres le ponen a ese legado heredado de sus ancestros.

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