Aunque se estima que el departamento del Magdalena produce el 31% del banano colombiano y la Sierra Nevada de Santa Marta, especialmente en su flanco occidental, es una de las mayores productoras de café orgánico del mundo, sus especies y ecosistemas han sido poco estudiados. Sin embargo, tal productividad solo es posible gracias a la biodiversidad del territorio. Y es que son claves la calidad del suelo donde se siembra, el agua usada para el riego y el procesamiento de los frutos, así como el bosque que alberga un sinnúmero de especies dispersoras de semillas, entre muchos otros beneficios recibidos de la naturaleza. De ahí la necesidad de entenderlos cada vez mejor.

Por ello, luego de varios aplazamientos debido a la pandemia y en medio de retos logísticos, este 2021, en el marco de la Plataforma de Custodia del Agua (PCA), un equipo de 17 investigadores y estudiantes, realizaron un monitoreo de biodiversidad en zonas bananeras y cafeteras de las cuencas de los ríos Frío y Sevilla. Este estudio, pionero para la región, fue liderado por WWF Colombia, con el apoyo técnico de la Universidad del Magdalena y la Universidad del Atlántico, y desarrollado gracias al proyecto “Producción de banano convencional ambiental y socialmente sostenible”, que WWF viene implementando en el territorio desde 2014.

En palabras de Vanessa Torres, bióloga y consultora de WWF como líder local de la PCA, el monitoreo de biodiversidad es “como tomarle una fotografía al estado de ciertos componentes de un ecosistema”. En el caso del estudio realizado en las cuencas de los ríos Frío y Sevilla, el foco estuvo en cinco grupos taxonómicos: mamíferos, aves, peces, macroinvertebrados y plantas. Se abarcaron franjas bananeras y cafeteras, mediante cuatro salidas de campo: dos primeras durante la época seca (febrero-marzo), y un par más, en la de lluvias (junio).

En la zona bananera, ubicada en la cuenca baja, se establecieron siete puntos de muestreo o estaciones, mientras que, en la cuenca media, donde se cultiva café, se localizaron otras cinco. Ambas zonas tuvieron su estación de referencia. “Esta se escoge porque tiene menos intervención y su condición es más cercana al ecosistema original. Eso permite compararla frente a los hallazgos del área de cultivo”, explica Vanessa.

La recolección de datos, información y organismos implementó diferentes métodos: desde la identificación de huellas, heces y pelajes de mamíferos que quedan como rastros en el bosque o los cultivos, junto con el uso de cámaras trampa para tomar imágenes de los animales; hasta la observación de aves y otras especies.

Este estudio es en uno de los trabajos pioneros para poder conocer las abundancias de las especies en la zona, el estado de conservación de los ecosistemas acuáticos y de la vegetación del bosque ribereño”, destaca César Enrique. Los mamíferos, por ejemplo, son un grupo muy afectado por la ampliación de la frontera agrícola y la deforestación, ya que necesitan un amplio territorio para desplazarse y garantizar su subsistencia. Así pues, aunque en ambos paisajes productivos se encontraron un total de 12 especies, la abundancia de mamíferos fue mayor en el paisaje cafetero, indistintamente de la temporada.

“Se encontraron huellas de jaguar en la microcuenca de Guandusaca (zona media), y una cámara trampa registró la presencia de puma (Puma concolor), otro felino que, al igual que el primero, puede considerarse una especie sombrilla cuya protección favorece a todo el resto de ecosistemas”. En general, la presencia de mamíferos, sobre todo de carnívoros estrictos y especies de mayor tamaño corporal, están más relacionados con lugares mejor conservados.

En cuanto a los resultados más destacados en el grupo de las aves, nuevamente, el cinturón cafetero mostró mayor riqueza en especies, con 123 identificadas, frente a 78 localizadas en la zona bananera. Adicionalmente, se resalta la presencia de siete especies aves endémicas de la Sierra Nevada y 13 migratorias, provenientes del Norteamérica.

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