La manera en que consumimos está poniendo en riesgo la vida como la conocemos. Cada año gastamos más rápido los recursos que el planeta es capaz de regenerar en 12 meses y se estima que la demanda global de alimentos se duplicará en 2050. Reciclar, ahorrar agua y energía y no comprar en exceso, son recomendaciones habituales que se hacen para ayudar al planeta.

Sin embargo, en el Día del Consumo Responsable, que se celebra hoy 15 de marzo, WWF se centra en un asunto que suele pasar desapercibido: la comida.

Para alimentarnos, los humanos usamos el 40% de los suelos disponibles y empleamos prácticas de producción de alimentos tan insostenibles que los deforestan, contaminan, y acaban con su biodiversidad. Pero, además, una vez producidos, muchos de ellos se pierden o se desperdician. Un reciente estudio de WWF reveló que cuatro de cada 10 de los alimentos que se producen en el mundo no se consumen, el equivalente a 2.500 millones de toneladas de alimentos.

Por eso, como consumidores, podemos ayudar a transformar los sistemas alimentarios desde las decisiones que tomamos a la hora de mercar. Mira cómo, según los consejos de la ONG WWF:

Dale la oportunidad a las frutas y verduras maduras o imperfectas, a la hora de elegir qué comprar, privilegia lo producido cerca de donde vives y fíjate en lo que comes en una semana y busca cómo variar aquellos alimentos que más se repiten.

Una manzana que ha venido desde el sur del continente, tiene una huella de carbono más elevada que una producida en Colombia. De igual manera, una lechuga traída de otro departamento, aporta más a los gases efecto invernadero (esos que calientan el planeta en exceso), que una sembrada en el mismo lugar donde vivimos. Y aunque a veces es un desafío saber de dónde vienen los alimentos, en ocasiones solo basta preguntar para tomar una decisión.

Todos los lugares en donde sembramos y cultivamos nuestros alimentos fueron –o todavía son– ecosistemas naturales y el hogar de diferentes especies. Muchos de estos son incluso visitados por locales y turistas que se maravillan de la riqueza natural de nuestro país. Pero ante la inminente necesidad de alimentar a una población creciente que come muy parecido, se requieren más y más hectáreas de un solo cultivo para satisfacer la demanda.

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