Entre la madrugada de un domingo y un café en la panadería, empieza la travesía de los caminantes del INDER, quienes cada fin de semana se dedican un momento de conexión con la ruralidad, con la historia y con los amigos.

Pisando las huellas amarillas que están pintadas en uno de los espacios comunes de la estación Oriente del Tranvía, en la comuna 9 Buenos Aires, se encuentran Martha Arango y Alicia Quintero, acompañadas de más de 90 personas que realizan el calentamiento para iniciar el camino que llenará de historia sus bitácoras.

Allí se mezclan las sonrisas con el movimiento y la conversación; grupos que ya se conocen y otros aventureros que iniciarán su primer recorrido.

Siguiendo el camino del Metrocable de La Sierra empieza a ascender la ruta. En cabeza van los guías del INDER y detrás los curiosos que desean contemplar la belleza e inmensidad del territorio mientras ejercitan su corazón y su espíritu.

La Medellín rural

Después de un kilómetro de escaleras, vecinos y ladrillos alrededor, en los barrios La Sierra y Villa Lilian, empieza a aparecer la Medellín rural, esa rodeada de montañas, gallinas, conejos y perros guardianes. Esa ciudad que aún cultiva café y defiende sus árboles como sentido de la vida. La Ecociudad.

Desde lo más alto del cerro Pan de Azúcar se percibe la fortaleza del Valle de Aburrá, la libertad manifestada en el canto de las guacharacas, un puente construido alrededor de la montaña y la grandeza de la herencia indígena que ahora marca nuestras costumbres. Estas y más historias son relatadas con seguridad y buen tono por Verónica Restrepo, la guía líder del recorrido.

A medida que avanza la cuadrilla, junto con Martha y Alicia, el aire se siente nuevo, empiezan a aparecer los cafetales alrededor de un camino de servidumbre, que, según la legislación colombiana debe ser respetado como paso común en los territorios. Por eso, las huellas de los caminantes atraviesan, sin problema alguno, por la mitad de una bodega de café; un espacio que no se cierra con puertas y apela a la confianza.

Subiendo esa montaña sembrada y con olor a bienestar aparece Isabel, la niña de la gran sonrisa y cabello poco peinado. Detrás su papá, con machete en mano y un buen gesto nos invita a continuar. Estos son los rostros de la Medellín del campo: sabios, fuertes y con miles de historias por contar.

El recorrido continúa por el barrio Media Luna y tendrá fin en el sector El Pingüino de Santa Elena. Allí aparece el sol después de la aventura de cruzar lo que parecía una selva y se escucha un buen vallenato de fondo. Los fogones de leña preparan el almuerzo, mientras los caminantes continúan su rumbo y se llenan de fortaleza con la sonrisa de los vecinos.

El retorno a la ciudad

Todo termina con la vuelta a la calma, un buen estiramiento, un abrazo de agradecimiento y un hasta pronto que los conectará en un próximo camino. Fueron 5,1 kilómetros de recorrido, 4 horas aproximadamente de conexión con la naturaleza, de aprendizajes históricos y reconocimiento de la cultura de Medellín. Como este recorrido, el INDER realizará 141 este año promoviendo el bienestar y las nuevas miradas de 8.100 personas.

Estas son las experiencias de las caminadas que reúnen familias, reencuentran amigos, reciben a extranjeros y generan asombro al avanzar. Porque como dice el dicho: caminante no hay camino, se hace camino al andar.

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