Los bosques son un tesoro invaluable para el planeta. No solo nos proporcionan agua, oxígeno y alimento; también son nuestros mejores aliados para combatir los efectos del cambio climático. En Colombia, el 52% del territorio nacional está cubierto por este ecosistema natural y de él dependen más de un millón de personas según la Organización para las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Manglares, bosques de galería, bosques secos, bosques de niebla y bosques húmedos tropicales cobijan el territorio colombiano, brindando sustento y abrigo a personas y animales por igual. Sin embargo, a pesar de su importancia, cada día se ven más amenazados por las actividades humanas. Según el último informe de deforestación anual del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), solo en 2020, el país perdió 171.685 hectáreas de bosque, –un terreno superior al tamaño de Montevideo, Uruguay–, debido a las malas prácticas de ganadería extensiva, la extracción ilícita de minerales, la ampliación de la frontera agrícola en áreas no permitidas, la tala ilegal, los cultivos ilícitos y el desarrollo de infraestructura no planificada y sin permisos.

“Parar la deforestación no es trabajo fácil, pues no solo se debe identificar en qué lugares y estimar cuánta área de bosque se ha perdido, sino también, cuáles son las causas y por qué se están dando estos fenómenos en el territorio. Por esta razón, el monitoreo forestal se ha vuelto un ejercicio vital para conservar los bosques, pues así se genera información relevante sobre su estado y los factores que los afectan, para que actores locales y nacionales puedan tomar decisiones acertadas sobre su manejo y protección, que realmente correspondan a las realidades de los territorios” explica Johana Herrera, quien acompaña procesos de monitoreo comunitario en WWF Colombia.

Monitorear los bosques –es decir, hacerles un seguimiento en el tiempo– se ha convertido en una de las principales estrategias para conocer su estado, sus amenazas y planear acciones que permitan conservarlos y aprovecharlos de manera sostenible, según un texto publicado por la ONG WWF.

Pero ¿cómo se realiza este proceso en el país y quiénes juegan un rol fundamental en su desarrollo?

En Colombia, el Ideam es la entidad encargada de generar información oficial sobre estos ecosistemas. El Instituto tiene a cargo el Sistema de Monitoreo de Bosques y Carbono (SMByC), un conjunto de herramientas, procedimientos y profesionales especializados en generar información, a través del análisis de imágenes satelitales, sobre estos ecosistemas y su superficie en el país.

Este sistema les permite monitorear los lugares en donde se expande la deforestación y conocer, de manera general, las causas que están llevando a afectar los bosques. El resultado de este trabajo se encuentra en las alertas tempranas de deforestación que semanal y trimestralmente emite el Ideam para compartir estos datos con el público general, además de los reportes anuales en los que cuantifican las pérdidas de bosque.

Si bien el trabajo del Ideam es la base para el monitoreo nacional de los bosques, es necesaria la información local que producen las comunidades. Esta información proviene de los procesos de Monitoreo Comunitario Participativo (MCP) que muchas comunidades realizan en sus territorios para estudiar, no solo los cambios en la cobertura de los bosques, sino también, otros elementos claves como las especies que los habitan o los servicios ecosistémicos que brindan –entre estos, el recurso hídrico o su capacidad para almacenar reservas de carbono –.

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