Una de las prioridades del Gobierno Nacional, que ha liderado el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Carlos Eduardo Correa, es la restauración de áreas degradadas con especies nativas de cada región o ecosistema. De ahí la importancia de la meta mediante la cual se sembrarán 180 millones de árboles en todo el país, y que ya ha plantado más de 130 millones a través del programa Respira 2030.

Son varias las interpretaciones que podría tener el verbo restaurar, sin embargo, aplicado al ámbito ambiental, para el biólogo Wilson Ramírez, asesor del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, restauración debe entenderse “como una forma de ayudar a la naturaleza a que se recupere de un efecto negativo”.

Reconoce que el hombre ha provocado daños de todo tipo a los ecosistemas, afectando ríos, montañas, praderas, corales, entre otros. “La naturaleza normalmente se puede recuperar hasta cierto punto sola, y es lo que siempre vemos, es decir, una tendencia a que la naturaleza se autorrepare; pero hay un punto en el cual el daño puede ser tan fuerte que la naturaleza ya no se puede autorreparar y necesita de una mano, de un empujón, ahí entra la restauración”, explica.

Esta acción es una forma de colaborar o asistir a la naturaleza para que se recupere del efecto negativo. Así lo explica Wilson Ramírez, quien, a través de la Escuela Nacional de Formación Ambiental Savia, creada por el Minambiente en 2021, viene explicando el concepto en los talleres ‘Restauración para no restauradores’, en una apuesta por involucrar a todos los habitantes del territorio nacional en el proceso de restauración.

“Caso puntual: tengo un bosque y lo coinvierto en potrero; seguramente, si lo dejo quieto y no hay bosque alrededor, se va a quedar como un potrero y será invadido por alguna especie; si yo a ese potrero le echo una mano y decido qué especies incluyo allí, especies nativas, variadas, entre otras, estoy seguro de que lo que hago hoy, a futuro vuelve y se convierte en un bosque. Eso es restaurar: ayudarle a la naturaleza a repararse”, explicó el biólogo.

Qué no es restauración

Ramírez explica que no se soluciona el problema simplemente sembrando, por ejemplo, unos pinos o unos eucaliptos en una zona afectada, o pensar que siempre la naturaleza se repara sola. “Cuando el daño es muy grande, la naturaleza nunca se va a recuperar, pasa un umbral detrás del cual ya no se recupera”, afirma.

Uno de los ejemplos es la minería mal manejada: “Genera un efecto tan negativo que tú tienes que ayudar, y muchas veces sembrando dos o tres árboles, no lo logras. En algunos casos, hay que entender que restaurar no es simplemente dejar el sitio a que se recupere solo, hay que darle una mano”, insiste.

Antiguamente, la restauración se entendía como la obligación o necesidad de llevar ese ecosistema dañado a un estado casi original. “Es bastante romántico pensarlo de esa manera, porque es muy difícil que yo dañe algo y eso vuelva a quedar como estaba originalmente; al menos en el tiempo, nosotros no lo vamos a ver”, señala.

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