A la ONG WWF le preocupa que los retrasos para acordar un tratado global para proteger y manejar la altamar afecten aún más la salud de los océanos y pongan en peligro las posibilidades del mundo de proteger el 30 por ciento de ellos. Estas aguas, ubicadas más allá de las jurisdicciones nacionales, desempeñan un papel vital en el soporte de las pesquerías mundiales, proporcionan hábitat a cientos de miles de especies y son claves para prevenir y mitigar los impactos del cambio climático.

Si se hubiera concluido el acuerdo, los líderes mundiales tendrían un mecanismo jurídicamente vinculante para gestionar la altamar de manera integrada, la cual representa dos tercios del océano y actualmente está severamente desregulada y explotada.

La quinta ronda de negociaciones del Tratado sobre Biodiversidad Marina en Áreas Más Allá de la Jurisdicción Nacional se extendió durante dos semanas, del 15 al 26 de agosto y tuvo lugar en Nueva York en el marco de las Naciones Unidas. A pesar de los esfuerzos, no se logró llegar a un acuerdo y ahora las Naciones Unidas decidirá la fecha en que se reanudarán las conversaciones, ojalá a más tardar a principios de 2023.

“Los países están actuando como si tuviéramos tiempo y no lo tenemos. Necesitamos de inmediato un tratado oceánico ambicioso para detener el deterioro de la salud de los océanos en beneficio del planeta y de la humanidad. Una cosa es comprometerse con una gran ambición y otra es cumplir esa promesa. Necesitamos una gran dosis de voluntad política”, dijo Marco Lambertini, director general de WWF Internacional.

Pese a la evidente voluntad de los negociadores por proponer y lograr acuerdos, los esfuerzos no alcanzaron para adoptar un acuerdo en dichas negociaciones. Sin embargo, sí se han logrado progresos significativos en gran parte del proyecto de texto, con disposiciones claras sobre la regulación de las actividades y estrategias para la conservación y uso sostenible de los recursos. Dado que la altamar está abierta a todos, es necesaria una responsabilidad colectiva y una administración común.

Por ejemplo, se incluyó la consideración sobre la necesidad de contar con evaluaciones ambientales estratégicas, con lo cual se pondría en práctica la obligación establecida en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de someter todas las actividades previstas en zonas situadas fuera de la jurisdicción nacional a un proceso de evaluación de impacto ambiental.

También hay un compromiso de mejorar la cooperación y la gestión basada en los ecosistemas, así como disposiciones importantes sobre el establecimiento de medidas de manejo basadas en áreas, incluyendo las áreas marinas protegidas, lo cual es muy alentador. Aun así, en las negociaciones diplomáticas, nada está acordado hasta que todo esté acordado.

De igual manera, el tratado incluye cuestiones de mayor complejidad como la distribución de los beneficios que surgen del uso de los recursos genéticos marinos, así como las restricciones al actual régimen de libertad de la altamar.

Al respecto, Paula Bueno, especialista en Política Internacional de WWF Colombia, resalta: “concretar este tratado será de gran importancia y tiene un potencial enorme para América Latina, considerando que contamos con instancias de cooperación regional que pueden dar aplicabilidad al tratado, como la Comisión Permanente del Pacífico Sur. Es necesario que las estrategias para poner en marcha sus elementos vayan de la mano con los intereses de los Estados y alianzas claves con la sociedad civil, los sectores y la ciudadanía en general”.

WWF espera que los Estados no olviden sus compromisos y avancen integralmente en todas las negociaciones, incluso, la relativa al nuevo Marco Global para la Biodiversidad bajo el Convenio sobre Diversidad Biológica y el cumplimiento de los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Asimismo, se espera que logren rápidamente acuerdos ambiciosos y realistas para el fortalecimiento de capacidades y la transferencia de tecnología de los países desarrollados a los países en desarrollo en los espacios marinos internacionales. El tiempo es esencial y ahora los Estados miembros de las Naciones Unidas deben acordar celebrar urgentemente una ronda final de negociaciones en los próximos meses para definir los detalles y lograr un tratado.

“Nuestro océano se enfrenta a una enorme presión debido a la sobrepesca, los impactos del transporte marítimo, el aumento de la industrialización y nuevas amenazas como la minería de los fondos marinos. Estos retrasos tienen consecuencias reales para las personas y la naturaleza. Es decepcionante que los países no lograran llegar a un acuerdo a pesar de todo el progreso alcanzado”, dijo Jessica Battle, experta en Gobernanza y Política Oceánica Global de WWF. “Estamos muy cerca de la meta final. Pedimos a los líderes y a las Naciones Unidas que realicen el trabajo necesario para que se concluya un tratado con urgencia. El océano no puede esperar”.

WWF advierte que cualquier aplazamiento en la adopción de este acuerdo puede tener graves consecuencias para la salud del océano y el bienestar de las personas.

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