Para el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible invertir en la conservación de la biodiversidad es una prioridad. Es por esto que a través del programa que busca sembrar 180 millones de árboles se están realizando procesos de restauración ecológica en los cuales uno de los propósitos es la conservación del bosque y del hábitat de 63.000 especies que habitan en el territorio nacional.

Ejemplo de ello es el loro orejiamarillo, un ave casi endémica de nuestro país de hábitos gregarios con desplazamientos regionales y que tiene una estrecha relación con el árbol nacional, la palma de cera, en la que usualmente duerme y anida. Este loro tenía una distribución histórica a través de los Andes de Colombia y en el norte de Ecuador, y dada la fragmentación de su hábitat por la ampliación no sostenible de las fronteras agrícolas y ganaderas, es considerada una especie amenazada.

Pero de acuerdo con el libro Rojo de aves de Colombia hay expectativas positivas, ya que, según estudios, se ha observado una recuperación del loro orejiamarillo en el territorio nacional, una recuperación de las poblaciones que habitan en cada una de las tres cordilleras andinas.

Una de las regiones en la cordillera Occidental donde se encuentra el loro orejiamarillo es entre los departamentos de Antioquia y Caldas; allí hay abundancia moderada de palma de cera, específicamente en los municipios de San José de la Montaña, Belmira, Santa Rosa de Osos y Yarumal.

“El futuro de nuestras especies depende de las acciones contra la pérdida de su hábitat, y aquí es muy importante lo que hemos venido defendiendo en el Ministerio: la educación ambiental. A través de los procesos de restauración ecológica estamos conservando los bosques para que el loro orejiamarillo, entre otras especies, se pueda desplazar y alimentar por corredores de vegetación. Además, venimos haciendo campañas con las que educamos a las comunidades en el cuidado y protección de la palma de cera, de ahí que sea vital que no se use en festividades religiosas”, afirmó el ministro de Ambiente, Carlos Eduardo Correa.

La Corporación Autónoma Regional del Centro de Antioquia (Corantioquia), Empresas Públicas de Medellín y la Gobernación de Antioquia siembran árboles en los sitios de mayor relevancia para el loro en los municipios del altiplano, como Angostura, Briceño, San José de la Montaña, San Andrés de Cuerquia y Yarumal. Allí plantan especies que forman parte de la alimentación del loro, como son las yemas y frutos maduros e inmaduros de drago; allí también hay una correlación entre la disponibilidad de estos frutos y los movimientos del ave entre los sitios que usan para dormir y forrajear.

También están sembrando roble y chagualo, árboles que igualmente contribuyen a la dieta del loro. A propósito, el roble brinda servicios ecosistémicos como hábitat y refugio a especies de fauna, protección del suelo y regulación hídrica; se han plantado 885.575 de estos individuos a lo largo del territorio nacional, los que aportan a la meta de 180 millones de árboles al 2022 (se han sembrado 66.577.285).

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