Durante siete meses Osmelia y Luz Mary recorrieron juntas la selva amazónica. Luz Mary saca su cuaderno, donde anota todo y confirma, “Llegamos a 18 comunidades indígenas de Leticia para hacer restauración con las comunidades”.

Osmelia Ceriyatofe y Luz Mary Ortiz se conocieron hace diez años. Osmelia pertenece a la etnia Murui Muina y hace veinte años viajó desde La Chorrera hasta Leticia para buscar suerte; hoy es Tecnóloga en Producción Agropecuaria del SENA. Luz Mary llegó desde Tarapacá a Leticia cuando tenía doce años y actualmente es Tecnóloga en Ingeniería Forestal del SENA. Las dos hacen parte del equipo del departamento de Amazonas; uno de los nueve grupos de siembra y restauración participativa en la Amazonia que llegó a Guaviare, Meta, Amazonas, Putumayo, Guainía, Vaupés, Caquetá, Serranía de La Lindosa y Vichada.

“Lo primero que hicimos fue socializar lo que íbamos a hacer. Llegamos a la comunidad. Tuvimos paciencia porque nos quedamos a dormir y a comer con ellos. Por eso fue que nos abrieron las puertas porque estuvimos en el proceso cada día. También tuvo que ver, que yo soy parte de una comunidad indígena y hubo confianza desde el principio”, explicó Ceriyatofe.

Por varios fines de semana, Osmelia y Luz Mary visitaron comunidades indígenas para brindar talleres y ampliar información, luego organizaron a las familias de las comunidades para salir a las 5 de la mañana juntos con GPS en mano y plántulas al hombro; iniciaban largas jornadas de siembra donde los jóvenes eran los más entusiastas y otras mujeres las más cuidadosas.

“Las mujeres en la Amazonia son las que producen y brindan el alimento y por esto ellas son denominadas en su comunidad como mujeres de la abundancia. En las comunidades indígenas las mujeres son el eje fundamental porque son las que transmiten los conocimientos de madres a hijos y son dadoras de vida”, afirma Juan Felipe Guhl, antropólogo y coordinador del programa de Investigación Dinámicas Socioambientales del Instituto SINCHI.

En el departamento del Amazonas, la meta fue lograr 50 mil plántulas sembradas, pero las comunidades lograron más de 56 mil siembras en 173 hectáreas. “Le explicábamos a la comunidad qué tipo de plántulas debían recolectar, le decíamos qué debían tener entre 15 y 20 centímetros. Nosotros íbamos a enseñarles sobre abono orgánico, sobre recolección. No era solamente sembrar; era entender la siembra”, afirma Ortiz quien además enlista algunas de las especies nativas que sembraron: Cedrilla, (Vochysia vismiifolia) Copoazú (Theobroma grandiflorum), Cacao (Theobroma cacao) Asaí, (Euterpe precatoria) Achapo (Cedrelinga cateniformis), entre otras 54 seleccionadas por científicos para la región.

“La restauración nos ayuda de manera propositiva a poner en práctica los saberes ancestrales que tienen las comunidades indígenas. Además, es vital reconocer el papel de las mujeres indígenas en esa construcción y transferencia de conocimiento hacia a sus comunidades para mantener el bosque en buen estado de conservación, también tenemos que reconocer su participación en la diversidad de las chagras y en la necesidad de hacer intercambios de semillas para mantener el vigor de las especies que hacen parte de ellas”, afirma, Luz Marina Mantilla Cárdenas, directora del Instituto SINCHI.

Actualmente, 1.809 hectáreas se encuentran bajo el proceso de restauración activa en los 8 departamentos de la Amazonia, cifra que se logró, sin duda, con la participación de las comunidades de la región y las horas sumadas de más de 46.376 jornales. En total, 1.668 personas se beneficiaron con recursos que entregaba el Instituto SINCHI como incentivo por sembrar y cuidar el bosque amazónico. “La gente quedó contenta y van a seguir sembrando y cuidando porque entendieron que necesitan tener un bosque sano”, afirma Ortiz.

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