Un estudio de un equipo internacional de investigadores, en el que ha participado el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), ha revelado un método para analizar la salud de un ecosistema terrestre a partir de indicadores clave como el crecimiento vegetal y el uso eficiente de agua y carbono.

Según informa el CREAF en un comunicado, monitorizar estos tres indicadores permite predecir la capacidad que tiene el ecosistema de responder ante los cambios climáticos y ambientales.

“Utilizando solo estos tres factores principales, podemos explicar casi el 72 % del estado de salud de un ecosistema”, apunta uno de los investigadores del estudio, el científico del Instituto Max Planck de Biogeoquímica (Jena, Alemania) Mirco Migliavacca.

Para determinar las conclusiones del estudio, el equipo ha utilizado datos medioambientales procedentes de redes mundiales de estaciones que siguen multitud de ecosistemas, combinados con observaciones por satélite, modelos matemáticos y métodos de descubrimiento estadístico y causal.

Además, los investigadores inspeccionaron las tasas de intercambio de dióxido de carbono, vapor de agua y energía en 203 estaciones de control de todo el mundo que pertenecen a la red FLUXNET, una red de colaboración de múltiples equipos de investigación que recogen y comparten sus datos.

Variedad de zonas climáticas

Los lugares seleccionados abarcan una gran variedad de zonas climáticas y tipos de vegetación, de modo que para cada lugar pudieran calcular un conjunto de propiedades funcionales de los ecosistemas, así como las características de la vegetación y los datos por satélite sobre la biomasa de la vegetación.

Los ecosistemas terrestres proporcionan beneficios para la humanidad como la producción de biomasa (madera y frutos) la eficiencia de la vegetación en el uso de la luz solar y el agua (vinculados a la refrigeración del planeta), la retención de agua y la protección en frente la erosión, y la seguridad alimentaria.

Los tres indicadores, apuntan desde el CREAF, son “claves” porque definen qué funciones son esenciales para el funcionamiento de un ecosistema, y con ello, podemos entender cómo responderá ante estas amenazas.

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