Las tecnologías de captura de carbono se presentan como una de las soluciones para compensar las emisiones de CO2 que se emiten a la atmósfera por la actividad industrial, pero diversos especialistas consultados por Efe advierten de que estas opciones son un «caballo de Troya», además de «muy caras» y «no escalables».

Samuel Martín-Sosa, autor del Manual de Lucha contra el Cambio Climático, arguye que, mientras las «promesas del Acuerdo de París» y neutralidad climática cuentan con que podrán emplear métodos de captura de carbono para compensar las emisiones de CO2, todavía «se está muy lejos del potencial necesario y de las expectativas generadas».

La semana pasada, un informe de Global Witness desveló que la central de hidrógeno Quest, operada por la energética holandesa Shell en Canadá y una de las pocas plantas en el mundo en contar con tecnología de captura de CO2, emitía más carbono del que capturaba: según la compañía, en el último lustro la planta había captado 5 millones de toneladas de carbono, pero el proyecto había emitido en total 7,5 millones.

Para Paco Ramos, especialista en energía de Ecologistas en Acción, el de Quest es un caso “nefasto desde el punto de vista ambiental y también energético”.

Al tener la planta de captura de CO2, la central «emitía menos que si no hiciera nada», recalca Ramos, «pero no puede decir que el hidrógeno esté limpio de emisiones».

El elevado coste de capturar CO2

Los datos del sector, recogidos en el último informe del Global CCS Institute (Instituto Global de Captura y Almacenamiento de Carbono), reflejan el «parón» que sufrió el desarrollo de estas tecnologías, cuya evolución tras la crisis económica se había mantenido sin cambios hasta que en 2011 empezaron a abandonarse proyectos.

Esa curva ha sido muy similar a la que ha seguido el precio del carbono en el mismo periodo, por lo que Ramos alega que, al estar el precio del carbono muy bajo durante la última década -desde 2011- y las tecnologías de captura de CO2 tan caras, «salía más barato pagar por emitir» que invertir en el desarrollo de esas opciones.

Ahora, con el precio del carbono disparado (a 83 euros la tonelada, en enero de 2022), «la captura de carbono está incentivada desde el punto de vista económico» y, por eso, hay un repunte en los proyectos, detalla.

Sin embargo, este experto alerta de las limitaciones tecnológicas y subraya que queda todavía «mucha investigación por hacer» para identificar las mejores formas no solo de capturar, sino también de transportar el carbono y de almacenarlo de manera segura, pues avisa de que hay «riesgos de fuga» a tener en cuenta.

Para Ramos, la solución a la crisis climática no pasa por la captura de CO2, que considera el «caballo de Troya» que los sectores energéticos emplean para «crear expectativas de futuros sin tener que cambiar de modelo».

Por su parte, Martín-Sosa aduce que «la tecnología de captura no ha demostrado ser escalable» a nivel comercial y opina que el mundo no debería «dejar el futuro de las emisiones a estos procesos que están en pañales».

Además, este especialista explica que hay que distinguir entre los diferentes métodos de captura, pues «no es lo mismo reforestar que extraer carbono del aire con una planta con grandes ventiladores apilados» y dar prioridad a aquellas apuestas más eficientes y seguras en el almacenamiento.

Por ejemplo, Martín-Sosa advierte de que, si se apuesta por un bosque como solución natural de capturar y almacenar carbono, se corre el peligro de que este se queme y de que el CO2 almacenado se libere y acabe de nuevo en la atmósfera, mientras que secuestrar el carbono en el suelo, otra de las propuestas, puede generar conflictos de acaparamiento de tierras.

Por otro lado, coincide con Ramos en que esas tecnologías tienen un efecto contraproducente en la lucha contra el calentamiento global porque «no sirven para fortalecer la ambición climática, sino para aliviar la presión de la necesidad de mitigar», es decir, de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero abandonando los combustibles fósiles, haciendo una transición a energías limpias y reduciendo el consumo energético, como recomiendan, entre otros, los científicos de la ONU.

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