Hoy, en el Día Mundial del Clima, hay que recordar que el cambio climático representa una problemática de escala global, que es un flagelo creado, principalmente, por la actividad humana, producto de la gran cantidad de Gases de Efecto Invernadero (GEI) emitidos a la atmósfera, los que vienen generando cambios en su estructura y producen lo que conocemos como calentamiento global.

Estas emisiones se presentan, la mayoría de las veces, por quema de combustibles, tala de árboles, erupciones volcánicas, el mal manejo de las basuras, entre otras razones, que producen efectos como el aumento del nivel del mar, lluvias prolongadas y torrenciales que originan inundaciones, sequías extremas, falta de agua, escasez de alimentos, enfermedades por vectores, y otros, que ponen en riesgo a las comunidades y a los ecosistemas.

En ese sentido, y con el fin de enfrentar los efectos del cambio climático, Colombia actualizó, a finales del 2020, su hoja de ruta climática, a través de la Contribución Determinada a nivel Nacional (NDC), que incluye cerca de 200 medidas, metas y acciones de reducción de emisiones, adaptación al flagelo y medios de implementación para lograrlo. La nueva ambición del país es reducir en un 51 % las emisiones de los GEI al año 2030.

En términos de adaptación al cambio climático, nuestra NDC nos posiciona como uno de los primeros países en publicar la Primera Comunicación en Adaptación, con acciones mucho más detalladas en sectores como salud, agricultura, transporte, energía, vivienda, comercio y ambiente. De igual manera, involucró temáticas como la transversalización del enfoque de género, transición justa de la fuerza laboral, derechos humanos, un compromiso específico de reducción de contaminantes del aire, mejoras en la salud pública, educación, ciencia y financiamiento, entre otros.

En función de estos esfuerzos, Colombia también pensó a largo plazo. Por ello, aspira a alcanzar la neutralidad de carbono al año 2050; esto significa un compromiso de reducir al máximo nuestras emisiones de GEI para ese año y aumentar al máximo nuestras absorciones de carbono, de tal manera que el balance de esas dos medidas logre un equilibrio igual a cero, y en el mejor de los escenarios poder, incluso, absorber más emisiones de las que emitimos. Sin embargo, estas metas no solo son responsabilidad de los gobiernos del mundo, sino que la ciudadanía y los diferentes sectores de la economía también son protagonistas.

“Nosotros como seres humanos somos piezas fundamentales para hacerle frente al cambio climático. El planeta nos necesita y es fundamental trabajar en equipo; por eso, desde casa también podemos aportar utilizando transportes alternativos, reduciendo el consumo de energía, comprando y consumiendo productos locales y haciendo una buena disposición de residuos”, dijo el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Carlos Eduardo Correa.

El ministro se refiere al cambio de conciencia ambiental que debe partir desde cada persona; por ejemplo, en 2019 se recogieron 931 millones de toneladas de alimentos desperdiciados, lo que significa que el 17 % de la producción total de alimentos en el planeta terminó en la basura, según el ‘Índice de desperdicios de alimentos de 2021’.

El 61 % del desperdicio que señala el estudio se da en los hogares, lo que representa una alta fuente de contaminación que debe hacerle entender a los seres humanos que el planeta necesita un mejor cuidado, que es hora de volver a mirar hacia la naturaleza y de replantear el consumo.

Correa reconoció que el cambio climático es uno de los principales desafíos que el mundo enfrenta hoy. “Es algo que tiene mucho que ver con nuestra cotidianidad. Sin embargo, aunque somos parte del problema, también hacemos parte de la solución”, declaró.

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