“Los verdaderos dueños de esta montaña son el oso de anteojos, las plantas, las aves, los hongos, los insectos y las demás especies que aquí se encuentran. Nosotros solo tenemos un título y estamos administrando estos predios para efectos legales, pero estamos convencidos de que nuestra misión es devolverle la tierra a la Tierra”, dice Daniel Díaz, copropietario de la Reserva Natural de la Sociedad Civil (RNSC) La Montaña Mágica-El Poleo, para explicar la filosofía con la que él y su papá, Reynaldo Díaz, han constituido este lugar, ubicado en el municipio de Zapatoca (Santander).

Esa filosofía, que le apunta al mantenimiento de los ecosistemas y especies de la región a través del desarrollo de alternativas productivas sostenibles, la investigación científica y la restauración ecológica, empezó a tomar forma hace 15 años, cuando Reynaldo regresó a Zapatoca, su pueblo natal, y compró el primer predio de La Montaña Mágica, de acuerdo con un escrito realizado por la ONG WWF.

“Gracias a Milton Rueda, un amigo de infancia de mi papá que fue el primero en tener una RNSC en el municipio, habíamos quedado con la inquietud por tener una reserva. Por eso, decidimos hacer un esfuerzo familiar para aportar a la conservación”, cuenta Daniel.

Esa misma reserva fundada por Milton Rueda, llamada la RNSC Páramo – La Floresta, no solo sirvió para que los Díaz se convencieran de que ser “reservistas” era la misión de sus vidas, sino que lentamente desencadenó un movimiento ambientalista y conservacionista que inspiró la creación de nuevas reservas y, años después, la constitución de la Red de Reservas Naturales de la Sociedad Civil de Zapatoca-RENAZ, una organización que representa el 21% del área conservada del municipio (650 de 36.000 hectáreas).

Ese porcentaje ha hecho que la RENAZ tenga representatividad en los espacios de toma de decisiones ambientales de Zapatoca. También, ha permitido que las reservas se conviertan en un escudo para evitar la explotación de minerales como el uranio, así como para impedir el impacto de actividades humanas sobre las fuentes hídricas de las que se recarga el acueducto local, y sobre los corredores naturales por los que transitan especies como el oso andino (Tremarctos ornatus) y el puma (Puma concolor).

“Producir conservando”

Una de las principales preguntas que se han hecho los integrantes de la RENAZ es cómo lograr que la conservación sea económicamente viable. Como respuesta, han desarrollado alternativas productivas sostenibles, entre ellas, la apicultura, los cultivos orgánicos, las visitas guiadas, y la producción de material vegetal para la restauración y con fines ornamentales. Además, gracias a un taller sobre el cultivo de hongos para la alimentación, realizado recientemente por WWF Colombia, están explorando esta opción.

Según Juan Fernando Martínez, integrante de la RENAZ y propietario de las reservas Nirvana y Clavellinas, el desarrollo de alternativas productivas sostenibles no solo busca la rentabilidad de las iniciativas de conservación, sino también maximizar el impacto social y ambiental de las mismas. Para lograr esto, lo más importante es trabajar en red. Es una fuente de energía, ideas y motivación”.

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