Los recuerdos de lo que sucedió en 2010 se activaron en la memoria de los residentes de Haití este sábado por la mañana.

«Me desperté y no tuve ni tiempo de ponerme los zapatos. Vivimos el terremoto de 2010 y lo único que podía hacer era correr. Después recordé que mis dos hijos y mi madre estaban dentro todavía. Mi vecino fue y les dijo que salieran. Corrimos a la calle».

Así vivió Naomi Werneus, de 34 años y residente de Puerto Príncipe, la sacudida de tierra que se registró este sábado alrededor de las 8:30 am hora local en Haití.

El terremoto afectó principalmente las ciudades de Jérémie y Les Cayes, en el suroeste de la nación caribeña, pero también se sintió en la capital e incluso en República Dominicana, Cuba y Jamaica.

Hasta este domingo, el balance oficial de muertos era de 724, pero, con al menos 2.800 personas heridas y cientos de desaparecidos, es probable que la cifra vaya en aumento.

Durante una rueda de prensa, Jerry Chandler, director de protección civil dijo que los hospitales en las regiones más afectadas ya enfrentaban dificultades para proveer atención de emergencia y al menos tres centros de salud en las localidades de Pestel, Corailles y Roseaux estaban totalmente abarrotados de pacientes.

Al margen, el presidente estadounidense, Joe Biden, autorizó una «respuesta inmediata» de Estados Unidos al terremoto de magnitud 7.2 que sacudió Haití.

Biden y la vicepresidenta estadounidense, Kamala Harris, mantuvieron este sábado una videoconferencia sobre Afganistán con su equipo de seguridad nacional, en la que también recibieron información sobre el terremoto en Haití, explicó la Casa Blanca en un comunicado.

Otros países como Venezuela, España y Chile ya han ofrecido ayuda al Gobierno haitiano.

Este desastre llega en un momento de crisis aguda para Haití. Hace apenas un mes que el presidente, Jovenel Moïse, fue asesinado en su casa por un grupo de mercenarios, dejando el país en un estado de confusión política todavía más profundo que el que ya arrastraba.

Moïse había enfrentado períodos de turbulencia social y protestas en las calles por su gestión frente al Gobierno y el empobrecimiento de Haití, uno de los países con menos recursos de todo el continente americano, así como por la creciente violencia en la nación.

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