En lo corrido de este año se han registrado múltiples incendios en el denominado “arco de deforestación de Colombia”, que se extiende por los departamentos de Caquetá, Meta y Guaviare, afectando miles de especies, comunidades indígenas y campesinas y áreas como los Parques Nacionales Chiribiquete y Tinigua. Los datos registrados exceden a los incendios que tuvieron lugar en el mismo mes durante 2021.

De acuerdo con la Alcaldía de Calamar (municipio del departamento de Guaviare), se han registrado 70 puntos de calor en el Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiqueteque ya han afectado alrededor de 2.300 hectáreas en la zona de amortiguación del parque. Un punto de calor es una anomalía térmica sobre el terreno, que en realidad es una aproximación a incendios o puntos potenciales de fuego.

La ONG WWF compartió cinco datos claves para entender la complejidad de estos incendios:

1. Ocurren cada año por la temporada de lluvias, pero…

Es usual que en la temporada de menos lluvias, que ocurre generalmente de enero a marzo, se den incendios naturales. Sin embargo, la mayoría son provocados por acciones humanas y potenciados por la falta de humedad en los suelos y en los bosques.

2. La mayoría son el resultado de quemas provocadas relacionadas con la deforestación

Históricamente los incendios en la Amazonía han estado relacionados con la deforestación. Quemar el bosque ha sido una de las técnicas más usadas para convertir el suelo para agricultura, ganadería y en los últimos años como acciones asociadas a la apropiación de tierras. Estos incendios se han incrementado considerablemente en los últimos años, generando una gran pérdida de bosques, de biodiversidad y reduciendo la capacidad de estos territorios de retener la humedad del suelo, lo que aumenta el riesgo de generación y propagación del fuego.

En 2020, de acuerdo con cifras del IDEAM, Colombia perdió 171.685 hectáreas de bosque y el 63% se concentró en la Amazonía.

3. Tienen graves efectos en la salud de las personas y la naturaleza 

A corto plazo, los incendios deterioran la calidad del aire, pues producen material particulado y una mezcla de humo, hollín y otros contaminantes que pueden viajar miles de kilómetros y afectar otras zonas del país. También, impactan directamente a la biodiversidad, puesto que en los incendios mueren animales y plantas, entre ellos especies emblemáticas y de gran importancia ecológica.

Además, las quemas ocasionan una pérdida de hábitat, producida por la fragmentación, que afecta la continuidad ecológica natural amenazando la supervivencia de las especies.

También dentro de los efectos a corto plazo, no se puede olvidar que afectan directamente la situación social, económica y de salud pública de las comunidades locales, especialmente, los medios de vida de pequeños productores.

Algunos de las consecuencias a largo plazo son la alteración de los ciclos anuales de lluvias en el continente. Sin bosque, la humedad de los árboles se pierde y no puede darse el proceso de recarga de las nubes, encargadas de llevar el agua hacia regiones y ciudades principales de Suramérica. De esta manera, los magníficos ríos voladores que nacen en la Amazonia (flujos aéreos de agua que evaporan los árboles) se ven afectados. En la región amazónica y partes de Brasil, Argentina y Uruguay, las lluvias pueden disminuir entre un 13 y 17%.

Los incendios recurrentes también aumentan la aridez del suelo y su erosión, además aceleran el cambio climático. Cuando los bosques se queman, liberan grandes cantidades de dióxido de carbono (CO 2), un gas de efecto invernadero cuya concentración en la atmósfera está aumentando de manera acelerada y es una de las principales causas del aumento de la temperatura del planeta.

4. Impulsan la Amazonía a un punto de no retorno

Si la Amazonia sigue deteriorándose por amenazas como los incendios, en la próxima década podría alcanzarse lo que científicos han denominado “un punto de no retorno”, en el cual el bosque ya no sería capaz de adaptarse a los cambios y la Amazonia se convertiría en una gran sabana, colapsando el sistema de agua que irriga Latinoamérica, acelerando el calentamiento global y generando pérdida de biodiversidad.

Puedes leer: “Escucha a la Amazonía”, una alianza urgente para evitar el punto de no retorno en la Amazonía

Colombia es el segundo país con mayor biodiversidad del planeta y tiene el privilegio de estar entre los nueve países que comparten esta selva tropical, la más grande del mundo. Este patrimonio natural y cultural es invaluable para la humanidad y esencial para garantizar la sostenibilidad del agua que consumimos en Suramérica, regular las lluvias que nutren otros importantes ecosistemas en la región, estabilizar el clima global y asegurar el hábitat del 10% de las especies conocidas hasta ahora. También genera innumerables servicios ecosistémicos que sustentan la seguridad alimentaria y la energía de la región.

5. Prevenir y mitigar los incendios requiere de acciones integrales y a largo plazo

Asegurar una Amazonía viva para las presentes y futuras generaciones requiere construir una visión y modelo de desarrollo que trascienda la perspectiva económica y asegure la sostenibilidad en el ámbito social, cultural, político y ecológico sustentado en el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad, de la mano de quienes tienen el conocimiento para ello: los pueblos indígenas, las comunidades locales y campesinas.

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