El consumo de carne de monte, como se le conoce, garantiza la supervivencia de gran parte de la población rural del continente. Aunque es una práctica ancestral, se ha documentado muy poco por lo cual ha pasado desapercibida. Lo cierto es que la ingesta de proteína de comunidades, principalmente indígenas, afrodescendientes y en menor medida campesinas, proviene de la pesca y caza de subsistencia, la recolección de invertebrados y el aprovechamiento de productos forestales no maderables como hojas, frutos, raíces.

En el caso de Colombia, se calcula que 223 especies de fauna hacen parte del menú. De acuerdo con la más reciente publicación de la serie Fauna Silvestre Neotropical del Instituto Humboldt, “La caza y pesca de subsistencia en el norte de Suramérica. Parte I. Colombia, Venezuela y Guayana”, 10 especies corresponden a anfibios, 37 a reptiles, 96 a aves y 80 a mamíferos. Algunas de las especies que se consumen en regiones del país como Amazonas, Orinoco, Caribe, Pacífico y Andes son el el armadillo o cachicamo (Dasypus novemcinctus), la boruga o lapa (Cuniculus paca), el cusumbo o coatí (Nasua nasua) y la chucha o rabipelado (Didelphis marsupialis).

En sus más de 500 páginas, la publicación hace un completo diagnóstico de las actividades de la caza y pesca de subsistencia bajo los conceptos y enfoques socioecosistémicos, que sin duda, aportarán a la toma de decisiones basadas en la ciencia a la hora de formular política públicas alrededor de la gestión y uso sostenible de estos recursos naturales.

Cabe destacar que además de actualizar la lista de especies de interés de caza de subsistencia, los investigadores hacen un análisis profundo del trasfondo cultural que complementan estas dos actividades.

De acuerdo con Carlos Lasso, autor principal de la publicación e investigador del Instituto Humboldt, “el aprovechamiento de la caza y pesca de subsistencia en esta región norte de Suramérica se constituye en un tema valioso y distintivo aporte para el desarrollo sostenible de nuestras comunidades ya que aborda, explora y visibiliza datos e informaciones que son una parte vital y trascendente de los modos de vida y la supervivencia de muchas poblaciones de esta región tropical y ecuatorial”, señaló.

Y es que hasta hace relativamente poco tiempo se empezó a tomar información del aporte proteico de la fauna silvestre a las comunidades y más recientemente a relacionar esta ingesta proteica con la seguridad alimentaria. Tampoco se ha calculado o mostrado el ahorro que estas actividades significan a los Estados, en gastos sociales derivados de no asumir subsidios alimentarios para la población de bajos recursos o de áreas remotas.

Según la publicación, los cambios acelerados en los últimos cincuenta años a consecuencia de la deforestación, el calentamiento global y la sobreexplotación de los recursos, entre otras razones, nos hacen mirar hacia atrás y darnos cuenta de cómo la biodiversidad y su uso sostenible son la clave de nuestra supervivencia.

Finalmente, se hace un llamado a que es hora de visibilizar más el valor que tienen los recursos naturales y silvestres en el trasfondo de nuestras vidas y de las poblaciones locales, si es que se quiere lograr algún cambio.

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