Partes de babillas, tortugas y lapas son exhibidas en carretillas en algunas de las más de 20 casetas con techos de lata de la plaza de mercado El Paujil, ubicada a lo largo de una calle polvorienta de la ciudad amazónica de Inírida, capital del departamento de Guainía.

Los dueños de los restaurantes situados al frente de la plaza figuran entre los principales clientes de la carne de monte, materia prima con la que preparan platos gastronómicos que hacen parte de la idiosincrasia de las comunidades indígenas.

La venta de carne de estos animales silvestres inicia en lo más profundo de la selva, donde los indígenas los cazan para luego transportarlos en canoas y embarcaciones de pequeño porte por las aguas negras y carmelitas de ríos como Guainía y Guaviare, de acuerdo con un texto publicado por el Instituto Alexander Von Humboltd.

Las embarcaciones terminan su largo viaje en el muelle de Inírida, donde los indígenas urbanos y rurales negocian los precios de la fauna silvestre, que también incluye peces como mojarras, bagres, yamus, sierras, palometas, bocachicos, amarillos y cachamas.

A simple vista pareciera que este rústico lugar realiza una actividad ilegal, ya que la normatividad ambiental prohíbe la comercialización, tenencia y transporte de los ejemplares de la fauna silvestre. Pero no es así. La plaza de El Paujil está ubicada dentro del resguardo indígena del mismo nombre, por lo cual es un territorio que se rige por la legislación especial y propia de los indígenas, que permite la caza de la fauna silvestre para su consumo y sustento.

Este consumo de carne de monte no es exclusivo de las tierras del Guainía. Para muchas comunidades de las zonas más apartadas y remotas del territorio colombiano, la fauna silvestre es la única opción que tienen para sobrevivir, debido a la pobreza extrema y a la falta de otras alternativas.

Según Carlos A. Lasso, investigador del programa de Ciencias de la Biodiversidad del Instituto Humboldt, el hambre y las necesidades en ciertas regiones del país no les dan otra opción a sus pobladores que hacer uso de la fauna silvestre.

“En el caso de los indígenas, el consumo de carne de animales silvestres hace parte de su historia y planes de vida, viene de sus ancestros e incluso forma parte de la cosmovisión. En otras comunidades, la carne de monte es en muchos casos, la única oferta que tienen para obtener algo de proteína, es decir que su cacería es un método de subsistencia. Este es un tema álgido que aún requiere de mucha investigación y articulación”.

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