En la primera década del siglo XXI Fernando Trujillo y los investigadores de la Fundación Omacha quedaron perplejos por la biodiversidad que aparecía a borbotones de un pequeño rincón del departamento de Vichada, un sitio cerca del municipio de Puerto Carreño, bañado por las aguas carmelitas del río Orinoco.

“Hace 20 años, cuando empezamos a trabajar en la cuenca del Orinoco con los delfines de río, nos enamoramos de esa hermosa tierra llanera rica de misterios y biodiversidad. La laguna El Pañuelo, el único cuerpo de agua formado entre rocas del Escudo Guayanés en la mitad de la sabana, nos tocó el alma”, recuerda Trujillo, director científico de la fundación.

Ese lugar, situado en una de las regiones más desconocidas, antiguas e interesantes del mundo, la Orinoquia guayanesa, motivó a los investigadores de Omacha a emprender una misión para blindar ese tesoro natural virgen y misterioso de las fauces del desarrollo desordenado y el apetito insaciable del hombre.

“En 2003 iniciamos conversaciones con don Benito Munévar, dueño de los predios, para adquirir las tierras y poder consolidar una reserva natural. Sin embargo, como vimos que era necesario mantener las áreas circundantes de la zona, convencimos a otros dos amantes de la naturaleza, Sandra Bessudo y Joaquín Umaña, a comprar los dos predios vecinos”, dice Trujillo.

os tres predios, que suman 4650 hectáreas, pasaron en comodato a la Fundación Omacha y fueron bautizados como Bojonawi, nombre que en lengua de los indígenas sikuani significa perro de agua. El terruño inexplorado se convirtió en una reserva natural por medio del apoyo de la Asociación Red Colombiana de Reservas Naturales de la Sociedad Civil (Resnatur).

En 2009 Omacha consolidó el plan de manejo ambiental de la Reserva Natural Bojonawi (RNB), una joya natural que se convirtió en uno de los mayores epicentros y laboratorios para las investigaciones científicas sobre la biodiversidad colombiana.

“En Bojonawi hemos generado diversas alianzas con institutos, universidades y empresas del sector privado, una articulación que ha permitido mantener la reserva y ser un referente de investigación y conservación en la región y un punto estratégico de la Reserva de Biosfera El Tuparro”, precisó Trujillo.

El Instituto Humboldt, como entidad encargada de estudiar la biodiversidad del territorio continental de la Nación, ha sido uno de los aliados en la conservación de este tesoro del Vichada, donde los investigadores han dado marcha a varios estudios sobre los recursos naturales de la Orinoquia colombiana.

“Esta reserva, una pequeña, pero rica, extensión de tierra y agua en el Vichada, ubicada en las cercanías de las bocas del río Bita sobre el río Orinoco, representa un verdadero laboratorio de estudio biológico, evolutivo y de conexión con las comunidades locales”, informó Hernando García, director del Humboldt.

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