El cambio climático es un fenómeno científicamente comprobado que demanda no solo el compromiso de los gobiernos del mundo, sino la atención y la participación de todos los actores, incluyendo a los individuos.

En ese sentido, es muy importante conocer cómo las actividades diarias y los patrones de consumo de las personas inciden en la generación de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) y cómo esto se convierte en un factor que aporta al aumento de la temperatura del planeta. Por eso es relevante generar un plan de cambio y explorar acciones, medidas o hábitos que contribuyan a disminuir las emisiones.

¿Sabes cómo calcular tu huella de carbono?

Calcular la huella de carbono de una persona depende de diferentes variables, entre las más relevantes se pueden destacar: capacidad económica, hábitos de consumo, localización geográfica, desplazamientos, generación de residuos y consumo energético.

El cálculo de huella de carbono individual utiliza los datos de consumo y las actividades de una persona con el fin de identificar cuantas emisiones de GEI está generando, por ejemplo, el uso de vehículos particulares para desplazarse, la compra de alimentos que no sean locales, una gestión ineficiente de los residuos y el abuso del consumo de energía, entre otros.

Estas variables son propias de cada habitante, es decir, no existirán dos huellas de carbono iguales, ya que cada persona vive y consume de forma diferente. En general, se estima que un individuo con un mayor poder adquisitivo tiene hábitos de consumo más elevados, lo que deriva en una alta generación de GEI. Por lo tanto, una persona con una capacidad económica menor generará menos emisiones.

Tips de ahorro de energía

Para romper este paradigma, brindamos las siguientes recomendaciones para que iniciar el cambio de hábitos con el consumo de energía:

Planchar una sola vez: Las planchas necesitan una gran cantidad de energía para alcanzar temperaturas altas. Por eso se recomienda planchar todas las prendas en una misma tanda. Además, se recomienda evitar las horas pico de 6 am a 9 am y de 5 pm a 6 pm.

Evitar abrir y cerrar constantemente las neveras en los hogares: Cuando se abre la nevera entra calor y el frío que genera el aparato se pierde rápidamente, obligando a que el electrodoméstico gaste más energía para recuperar su temperatura ideal.

Desenchufar dispositivos que no estén en uso: Existen diferentes dispositivos que así estén apagados siguen consumiendo energía, en especial aparatos a control remoto y cargadores.

Implementar sensores de tecnología de automatización del alumbrado: La iluminación en salones, pasillos y oficinas son los principales consumidores de energía en los lugares de estudio y trabajo, por esto, tener tecnología inteligente que se active solo cuando se ocupe un espacio puede reducir considerablemente las emisiones.
Nunca conectar varios aparatos en una misma toma: Si se requiere es mejor optar por multitomas para este fin.

Esto produce sobrecargas en la instalación, mayor sobrecalentamiento en la toma y riesgo de incendio. También provoca una operación deficiente, posibles interrupciones, cortocircuitos y daños a largo plazo.

Aprovechar la luz natural en las actividades cotidianas: Apagar los bombillos que no se necesitan permitirá ahorrar energía y un mejor descanso visual al combinarlo con pausas activas.

Pintar las paredes con colores claros: Esto ayuda a aprovechar mejor la luz, tanto natural como artificial.

Cambiar las bombillas por unas más eficientes: Las bombillas LED consumen 2,5 veces menos que una de bajo consumo convencional y hasta 8,9 veces menos que una incandescente. Con esto no solo se optimiza el consumo de energía, también se ahorra dinero debido a su larga duración y mejor calidad de luz.

Evitar la introducción de alimentos calientes dentro de la nevera: Se recomienda enfriar los alimentos a temperatura ambiente antes de guardarlos, pues de este modo el aparato trabaja con mayor eficiencia. Si se mantienen los alimentos cubiertos, se conservan mejor y se acumula menor humedad al interior de la nevera.

Borrar los correos electrónicos que ya no se necesitan: Los correos no deseados o no leídos se almacenan en la nube, consumen mayor cantidad de energía y producen más emisiones de CO2. Se calcula que, por cada 50 correos eliminados al día, la huella de carbono puede reducirse hasta en 200 gramos.

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