La pandemia de la COVID-19 pareció aumentar la conciencia pública mundial sobre la biodiversidad y la importancia de su monitoreo. Durante los confinamientos estrictos, los ciudadanos reportaron imágenes sorprendentes de mejoría en el estado de algunos ecosistemas y de animales transitando con calma por zonas urbanas, aparentemente debido a la ausencia humana.

Colombia no fue la excepción. de acuerdo con un artículo del Instituto Alexander Von Humboltd, La ciudadanía inundó las redes sociales con fotografías y videos que dejaron perplejo a más de uno, como de playas de Santa Marta y Cartagena con aguas cristalinas y delfines, zorros deambulando por Bogotá, osos mieleros por las carreteras y un revoloteo de aves; sin embargo, aún queda la duda de si estos hallazgos fueron resultado de cambios en los comportamientos de la fauna o de los observadores.

Varios de estos hallazgos fueron publicados en las dos plataformas más usadas de ciencia ciudadana sobre biodiversidad en el país: Naturalista y eBird, sitios que se han convertido en los espacios ideales para que los científicos ciudadanos hagan sus aportes para ampliar el conocimiento sobre la biodiversidad nacional.

En los últimos años, las plataformas de ciencia ciudadana han permitido acumular grandes cantidades de datos en lugares restringidos para muchos expertos, un panorama que ha permitido responder preguntas, apoyar la toma de decisiones e incluso describir especies hasta ahora desconocidas para la ciencia o que se creían extintas.

Once investigadores del Instituto Humboldt se dieron a la tarea de analizar los reportes publicados por los colombianos en ambas plataformas para averiguar si estos datos permitirían describir los efectos de la ‘antropopausa’ en la biodiversidad del país, es decir durante la primera cuarentena estricta del año pasado para combatir la pandemia del coronavirus.

“Comparamos la distribución de registros según la huella humana, los comportamientos de muestreo y la composición de especies en ambas plataformas durante la fase más estricta del confinamiento por COVID-19 en 2020 y los mismos períodos entre 2015 y 2019”, cita el artículo publicado en la revista Biological Conservation.

Lina María Sánchez Clavijo, Sindy Martínez Callejas, Orlando Acevedo Charry, Angélica Díaz Pulido, Bibiana Gómez Valencia, Natalia Ocampo Peñuela, David Ocampo Rincón, María Helena Olaya Rodríguez, Juan Carlos Rey Velasco, Carolina Soto Vargas y Jose Manuel Ochoa Quintero, fueron los encargados de analizar los registros ciudadanos en ambas plataformas.

“Antes de usar estos datos para probar hipótesis sobre el impacto de las actividades humanas en nuestro ambiente, debemos tener en cuenta los efectos del confinamiento en el comportamiento de los observadores que contribuyen con sus registros a las plataformas”, dice el artículo.

El estudio del Instituto Humboldt inició con el análisis de los registros publicados en Naturalista y eBird durante la cuarentena estricta y obligatoria en Colombia, del 24 de marzo al 11 de mayo del año pasado, cuando se cerraron fronteras internacionales, cancelaron viajes nacionales y estuvo completamente restringida la circulación de personas y vehículos.

“Los datos de Naturalista provienen del proyecto “Naturalistas Urbanos desde Casa (NUC), un bio-blitz llevado a cabo entre el 25 de marzo y 25 de abril que invitó a las personas a registrar la biodiversidad alrededor de sus hogares durante el confinamiento preventivo”, afirman los investigadores.

Para la plataforma eBird, la más importante para reportar observaciones de aves, los expertos tomaron como base los datos recolectados durante el Global Big Day, un evento anual que en 2020 coincidió con la fase más estricta del confinamiento en Colombia, por lo cual muchos observadores de aves debieron pajarear desde sus casas.

Para los investigadores, muchos observadores de aves probablemente optaron por seguir la recomendación de hacer sus listas desde casa, reduciendo el alcance espacial de los datos para 2020 en comparación con años anteriores.

A los expertos no les sorprendió encontrar menos especies amenazadas y endémicas en las muestras de 2020, ya que estas generalmente tienen menor detectabilidad y rangos geográficos reducidos.

“Por ejemplo, todas las aves endémicas detectadas durante el Global Big Day de 2019 y no durante 2020 solo se pueden encontrar en localidades de difícil acceso en la Sierra Nevada de Santa Marta, Valle de Magdalena, costa noroeste del Pacífico y Parque Nacional Munchique”.

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