La V Asamblea de la ONU para el Medioambiente (UNEA-5), principal organismo de toma de decisiones ambientales del mundo, constató este lunes en Nairobi grandes avances para impulsar el primer tratado global contra la contaminación por plástico.

«Las cosas pintan bien. Estamos muy cerca de un acuerdo para un tratado internacionalmente vinculante a fin de acabar con los desechos de plástico», afirmó el ministro noruego de Medioambiente, Espen Barth Eide, cuyo país ejerce la presidencia de la Asamblea.

Eide hizo ese anuncio durante una rueda de prensa en el inicio de la segunda parte de UNEA-5, que ya celebró su primera sesión en 2021 por vía telemática debido a la pandemia de Covid-19 y reúne ahora en Kenia a representantes de los 193 Estados miembros de la ONU.

La cita, que adopta hasta el próximo miércoles una fórmula de participación híbrida (presencial y virtual) con la asistencia de más de 2.000 delegados, busca un «mandato claro y firme» para empezar las «negociaciones» del acuerdo mundial, declaró a EFE el ministro.

«Soy optimista. Creo que esto va a funcionar», dijo a EFE Eide, quien compareció en rueda de prensa junto a Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA, con sede en Nairobi), que auspicia la Asamblea.

«Hay un acuerdo sobre un texto» de una resolución para comenzar la negociaciones de un pacto global, si bien aún «los ministros tienen que examinarlo» y dar su visto bueno en el plenario de UNEA-5, puntualizó Andersen.

Negociaciones, hasta la madrugada.

Tres propuestas había sobre la mesa en la capital keniana, entre las que destacaba la de Perú y Ruanda, que contaba con el respaldo de sesenta países, incluidos los Estados miembros de la Unión Europea (UE), Reino Unido, Noruega y varios países latinoamericanos como Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, República Dominicana y Uruguay.

Esa resolución contempla crear un comité de negociación intergubernamental con el mandato de negociar un «instrumento internacional» que sea «jurídicamente vinculante» y se base en un «enfoque integral» que abarque «desde la producción, el consumo y el diseño hasta la prevención, gestión y tratamiento de residuos».

Japón había realizado otra propuesta, que también defiende el establecimiento de un comité para forjar un acuerdo vinculante, pero restringido a la contaminación marina y sin tomar en cuenta la producción original del plástico.

La India, por su parte, había presentado una iniciativa que sólo aboga por un marco no vinculante orientado, sobre todo, a los plásticos de un solo uso.

Eide manifestó su confianza en que, de obtenerse ese mandato, se podría aprobar el tratado mundial en un plazo de dos años, hasta la próxima Asamblea de la ONU para el Medioambiente (UNEA-6), un foro que suele celebrarse con carácter bianual.

Estos progresos se divulgaron después de la apertura del plenario, que el ministro noruego efectuó con un martillo hecho con plástico reciclado del vertedero de Dandora, el más grande de Kenia y situado en el este de Nairobi.

Ese gesto tan simbólico se vio reforzado por la instalación del artista canadiense Ben Von Wong en el complejo keniano de la ONU: un enorme grifo que parece colgado del cielo y escupe un torrente de residuos plásticos.

Durante la inauguración del plenario, el comisario europeo de Medioambiente, Océanos y Pesca, Virginijus Sinkievicius, recalcó el apoyo de la UE para «asegurar el lanzamiento de negociaciones para un nuevo acuerdo legalmente vinculante sobre plástico».

Según enfatizó Andersen en ese acto, el tratado internacional representaría «el acuerdo multilateral más importante» desde el Acuerdo de París (2015) sobre cambio climático.

Y supone ya una urgencia porque «el mundo está demandando un mandato concreto vinculante para responder a la crisis de la contaminación del plástico. Tenemos que actuar ahora», recordó la ministra de Ambiente y Energía de Costa Rica, Andrea Meza Murillo.

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